VIACRUCIS EUCARISTICO

Año 2005

J.Leoz

 

 

En el contexto de este Año Eucarístico, y preparándonos para celebrar la Pascua del Señor,  vamos a intentar meternos de lleno en el drama que llevó a Jesús a la muerte con el fin de traernos la salvación. Lo hacemos con esta oración contemplativa, sencilla pero profunda, como es el  Viacrucis en referencia constante a la Eucaristía y a la Oración Sacerdotal (Jn17)

 

La cruz que llevó Jesús estaba formada por muchas vidas, por las nuestras, por las del mundo entero. Por muchas cruces, tantas como eran nuestras vidas. A partir de ese momento quedaron fundidas en una sola: LA CRUZ DE CRISTO

Al recorrer estas 14 estaciones vamos a ir poniendo, sobre ellas, nuestra realidad personal. Todos, al rezar este Viacrucis, vamos a ir formando la gran cruz que Jesús llevará hasta el final sobre sus hombros por nosotros. En esa cruz nos lleva a cada uno, a tí y a mí; tus pecados y los míos. En nuestro Vía Crucis, cada uno abrazará esa cruz, la llevará como Jesús. Éste será el gesto por el que aceptamos ser salvados: caminando al lado de Jesús...tenemos más oportunidades y más posibilidades de poder llegar hasta el Monte Gólgota.

Desde que Jesús cargó la MONUMENTAL Y SALVADORA CRUZ nuestro camino no es el de la cruz, sino CON LA CRUZ. Hagamos memoria de las últimas horas de Jesús sobre nuestra tierra. Reavivemos aquel acontecimiento en nuestra historia y en cada una de nuestras vidas. Y, al inicio de este Viacrucis Eucarístico, pensemos que no es cuestión de abrazar cualquier cruz sino de portar LA CRUZ que Jesús aceptó por nosotros. Es bueno pensar que nuestras vidas dieron y dan forma a ese madero y que en él, Dios, hecho hombre, ha querido clavar nuestra fragilidad para darle muerte y hacernos el inmerecido regalo de la VIDA INMORTAL.

¿LE ACOMPAÑAMOS?
 

1ª estación: Jesús es entregado

"Padre, llegó la hora, glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique, según el poder que le diste sobre toda carne, para que a todos los que Tú le diste les dé Él la vida eterna".

En cada altar, y todos los días, se nos  entrega Jesús para que nunca olvidemos que las palabras se quedan cortas, y el viento se las lleva,  si no van acompañadas de amor. En la vida ( a veces dura, abrupta, desconcertante y cruel )la eucaristía nos inyecta el coraje necesario para que nuestra entrega nunca quede al borde del camino ni a la intemperie de los que piensan que no merece la pena darse por nada sino es por algo a cambio.

 

2ª estación: El Señor con la cruz a cuestas

"Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo".

En cada eucaristía, el Señor, asume nuestras fragilidades y torpezas. Con su Palabra nos ilumina y hace, que por la comunión de su cuerpo y de su sangre, nunca nos falten las fuerzas (no las cruces) para poder llevarlas no oprimiendo nuestras vidas sino sobre nuestros hombros. No es dificil mirar a Jesús, y sin preguntarle nada, que de antemano nos responda: no me pidáis que os quite la cruz...pedidme que Dios os dé la fuerza necesaria para poder llevarla.

3ª estación: Jesús cae por primera vez

"Yo te he glorificado sobre la tierra, Ilevando al cabo la obra que me encomendaste".

También hoy, el hombre, sigue cayendo  bajo el poder de tantas cosas que lo exprimen y le hacen doblar la rodilla en el suelo y clavar la vista en la tierra. Hoy, tal vez más que nunca, el ser humano va siendo aplastando bajo la gran cruz de muchas de sus decisiones desacertadas. ¡Cuántas  cosas nos alejan de Dios y del Espíritu Evangélico! No es triste caer. Lo penoso es quedarnos hundidos.

4ª estación: Jesús encuentra a su Madre

"Y ahora Tú, Padre, glorifícame cerca de Ti mismo con la gloria que tuve, cerca de Ti, antes que el mundo existiese".

Aquella que, durante nueve meses, llevó en su seno a Cristo llamado a ser eucaristía se encuentra, frente a frente con El,  camino del calvario.

También nosotros, cada vez que invocamos el nombre de María, podemos abrirnos al encuentro personal de Aquel que todo lo da para que aprendamos la lección de que, en el amor y en el perdón,  se encuentra la mayor expresión de entrega.

5ª estación: Jesús es ayudado por el Cirineo

"He manifestado tu nombre a los hombres que me has dado de este mundo. Tuyos eran, y Tú me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora saben que todo cuanto me diste viene de Ti".

La eucaristía, en la vida del seguidor de Jesús, se convierte en ayuda puntual y necesaria para ascender y poder llegar a la perfección cristiana. Jesús dejó que, parte del peso del gran madero, fuese compartido por Simón el de Cirene. Cristo, por su eucaristía, se convierte en nuestro personal Cirineo: Nos empuja. Nos anima. Nos levanta para que sea más fuerte el pan de los ángeles que las contrariedades y losas de los hombres.

6ªestación: La Verónica sale al encuentro del Señor

"Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que Tú me diste; porque son tuyos, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y yo he sido glorificado en ellos. Y yo ya no estoy en el mundo; pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a Ti".

Participar en el modo de vida de Jesús sugiere andar por caminos nuevos y con una conciencia lúcida, limpia y recta. Salir al paso del Señor, entrar en comunión con El, supone hacer un pequeño esfuerzo para que, nuestro interior, quede tan limpio como su rostro quedó en el encuentro con la Verónica. Que la eucaristía deje en lo más hondo de nuestras entrañas el vivo retrato de un Jesús que sigue vivo y peregrino en medio de nosotros. La eucaristía blanquea todos los días, no el semblante del que la celebra, sino el alma y los corazones de aquellos que la frecuentan.

7ªestación: Cae el Señor por segunda vez

"Padre santo, guarda en tu nombre a éstos, que me has dado, para que sean uno como nosotros".

 Pero ahora yo vengo a Ti, y hablo estas cosas en el mundo para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos".

La eucaristía es fuente y cumbre de vida cristiana. En ella recogemos los mejores deseos y el aliento del Espíritu para calcar nuestra vida en la de Jesús Maestro. Con ella damos gracias a Dios por tantas cosas que alcanzamos y que son signo elocuente de su presencia. Sucumbimos en nuestros propósitos; a veces es difícil seguir adelante en aquello que prometimos pero, la eucaristía, camino hacia la Pascua definitiva,  nos ayuda siempre a mirar –no tanto hacia atrás- cuanto al horizonte que nos espera: el triunfo con Jesús

8ª estación: Jesús habla a las mujeres de Jerusalén

"Yo les he dado tu palabra, y el mundo les aborreció; porque no eran del mundo, como yo no soy del mundo".

El silencio de algunos en un mundo que cabalga entre el bien y el mal, que es tensado entre la injusticia y la injusticia o interpelado por la falsedad y la verdad, es roto por la voz valiente y decidida  de aquellos que saben escuchar una Palabra desciende del cielo. La Eucaristía, en itinerario hacia la Semana Santa, es la propuesta del Señor animándonos a llorar y a ser solidarios con tantos hermanos nuestros que gritan sin ser escuchados y gimen sin ser consolados

9ªestación: Jesús cae por tercera vez

"No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal".

Como Tú me enviaste al mundo, así yo los envié a ellos al mundo. Y yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados por la verdad".

Cien veces que nos proponemos  los  seres humanos no caer…cien veces que caemos bajo el peso de nuestras propias contradicciones. El Señor, con el leño sobre sus hombros, en cada eucaristía nos hace una transfusión de vida divina. No son las caídas continuas del discípulo de Cristo las que nos alejan de El,  sino el acostumbrarnos, como tantas veces lo hacemos, a vivir bajo la pesada cruz de  la  mediocridad, la oscuridad y la tibieza.

10ª estación: Jesús despojado de sus vestidos

"Ellos no son del mundo, como no soy del mundo yo. Santíficalos, en la verdad, pues tu palabra es verdad".

Vivir, en toda su intensidad la Eucaristía, es compartir la suerte de Aquel que en obediencia a Dios todo lo dio (sufriendo) y de todo fue arrancado. Atender su Palabra es abandonar caminos equivocados,  desprendernos de aquellos disfraces que distorsionan la grandeza que llevamos dentro. Contemplar y vivir la eucaristía es  ver a un Señor que, antes de subir a la cruz, es presentado como vino en Belén por primera vez al mundo: desnudo y despojado de toda riqueza

11ª estación: Jesús clavado en la cruz

"Pero no ruego solamente por éstos, sino por cuantos crean en mi por su palabra, para que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en Ti, para que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que Tú me has enviado".

Ascender al calvario acompañando al Señor, es intentar componer un acorde lo más perfecto posible en nuestra existencia con las notas que El nos marca en el Evangelio. Celebrar la eucaristía es hacer memoria de aquellas horas santas e históricas de Jesús. Fue clavado para que el hombre entendiese la gran locura de Dios: el amor de Dios por el hombre es capaz de cualquier cosa. La eucaristía nos anima y nos educa a ver la cruz, no como un adorno cincelado en oro o plata, sino el árbol desde donde nos cae gratuitamente a todos el fruto de la redención

12ªestación: Jesús muere en la cruz

"Yo les he dado a conocer la gloria que Tú me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos, y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me enviaste y amaste a éstos como Tú me amaste".

No hay triunfo sin esfuerzo, ni herida sin dolor. El calvario era y sigue siendo un monte para todo aquel que quiera entender, mirar y comprender la salvación de Dios: la Palabra clavada nos habla escandalosamente, como en Belén también un día lo hizo, del amor que Dios nos tiene. Nos descoloca. Nació en la soledad de una noche y murió solitario en la hora de nona.

La eucaristía es presencia real y misteriosa de un Jesús que muere y resucita, que habla y se presenta con la misma actualidad con la que lo hizo en aquellos que vivieron codo con codo sus días de pasión y de gloria.

13ª estación: Jesús puesto en los brazos de la Madre

"Padre, lo que Tú me has dado quiero que donde yo esté, estén ellos también conmigo, para que vean mi gloria, que Tú me has dado, porque me amaste antes de la creación del mundo".

Subir para bajar y bajar para subir. Es el doble movimiento de la Pascua que nos espera. Subió Jesús al madero y, con él, nos abrió la puerta a la Resurrección. La eucaristía, día tras día, nos enseña que el Señor sigue bajando para hacernos escalar a las más altas cotas de generosidad y de entrega, de perdón y de sacrificio, de humildad y de reconciliación, de fe y de esperanza ¿Seremos capaces de ver la otra cara de la cruz o nos quedaremos enganchados en la simple astilla de madera que produce sufrimiento y llanto?

 

14ªestación: Jesús es puesto en el sepulcro

"Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conocí, y éstos conocieron que Tú me has enviado, y yo les di a conocer tu nombre, y se lo haré conocer, para que el amor con que Tú me has amado esté en ellos y yo en ellos".

Hay que morir para vivir y, aunque muchos se empeñen en lo contrario, hay que vivir para aprender a morir. Es la gran lección que, magistralmente, Jesús nos enseña en este vía crucis. Por Dios y por el hombre ¡todo! Sin Dios y sin el hombre ¡nada!

La eucaristía es el sacramento de la presencia de un Dios que en la aparente debilidad de la especie del pan y del vino nos ayuda a fructificar y a prepararnos para el auténtico banquete que nos espera: el cielo

En cada eucaristía quedan sepultados millones de granos de fe, que como la mostaza, serán un día grandes árboles en los que anidarán para siempre y felizmente  los hijos que creyeron y esperaron en las promesas de Jesús en la tierra.

¿Vivimos cada eucaristía como un aperitivo de aquello que nos espera por gustar en compañía de Dios el día de mañana?

 

 

ORACION

Creemos que con este drama tuyo, Cristo, no sólo

se ha desarrollado una escena de dolor y de deshonra

sino que se ha cumplido algo más profundo.

Parece que precisamente allí donde se tocan los

brazos de tu cruz están las grandes abcisas, las

grandes paralelas, las grandes líneas constituyentes

de los destinos humanos.

Hay una ley de justicia que desde las profundidades

de Dios se precipita sobre Tí, Cristo víctima, hay

una condena que desde los abismos del mal te obliga a morir.

Las dos leyes se cruzan y en vez de neutralizarse

entre sí conspiran en precipitarse sobre Tí, Cristo, y

en hacer de Tí un cordero inmolado

por los pecados del mundo.

Y Tú, Cristo crucificado, tienes los brazos abiertos

porque en la cruz se encuentran no sólo la justicia

y el pecado, sino también el amor.

"Por nosotros y por nuestra salvación bajó sobre

esta tierra"; es la apertura del cielo que fulgura con

amor sobre el mundo, lo ama y llega allí.

Amén

Pablo VI