¡VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA.....LA LUZ DEL MUNDO!

(Mt5,13-16)

 

NI SOSOS NI OSCUROS...SINO TODO LO CONTRARIO

 

El próximo miércoles comenzaremos, D.m., la Santa Cuaresma. Pero como aperitivo de lo que nos espera, siguiendo y viviendo de cerca las huellas de Jesús, hemos compartido con El estos cinco domingos del tiempo ordinario que queda detenido por estos próximos cuarenta días de sensibilización y de meditación ante los grandes misterios que se acercan en Semana Santa.

Digo aperitivo porque hemos comprobado que seguir a Jesús (teniendo como telón de fondo las bienaventuranzas) implica revitalizar e iluminar el mundo con esa fuerza y esa luz que tiene en su interior. ¿La llevamos dentro los cristianos de este recién estrenado milenio?¿Somos conscientes que, al acoger el espíritu de las bienaventuranzas, nos convierte automaticamente en soles y en sales para nuestro mundo?

No podemos conformarnos, o quedar petrificados,  con unos hábitos que han sido orientativos y decisivos a la hora de vivir y expresar la fe por generaciones pasadas. La luz y la sal de la nueva evangelización nos exige, sin renunciar a lo esencial, sazonar con toda la persuasión de la que somos capaces aquellas realidades que están inmersas en la insipidez o en la oscuridad.

¿Quién no sabe lo que es una central eléctrica? A través de unos hilos es conducida la corriente, por ella generada,  a millones de hogares, calles y empresas, montes y valles  para hacer posible el que las lámparas iluminen las tinieblas de la noche, el movimiento de las máquinas o el uso de la técnica, o que simplemente, el hombre, pueda vivir con mayor comodidad o bienestar.

También los cristianos, por si lo hemos olvidado, tenemos una "gran central" instalada en el cielo desde donde, por ejemplo a través de los sacramentos y de la iglesia misma, vamos recibiendo esa energía necesaria para vivir con ilusión la dignidad de ser hijos de Dios y para dar ese “punto” que necesitan los grandes guisos que muchos mediocres cocineros intentan llevar a cabo prescindiendo de la gran receta del evangelio o, ¡cuando no!, jactándose de que, lo que antes era rico plato, comieron y se aprovecharon abundantemente de él,  ahora ni siquiera es un tentepie.

La vida de muchos cristianos, volviendo al evangelio de hoy, tal vez esté limitada  por un catolicismo vergonzante y tímido; prefiera estar apagada por temor y temblor a quemarse, a medio gas o  romperse por servir a la causa de Jesús. Recordemos aquel viejo proverbio: "la piedra se lanza sobre lo que se mueve y la indiferencia sobre lo que no molesta"

Necesitamos, proponiendo sin arrogancia pero con convencimiento el mensaje evangélico, mirar y recurrir más hacia  aquella fuente de inagotable energía como es el poder de Dios en el que se sustentaba el temple y el carácter apostólico de San Pablo del que nos habla hoy la 2ªlectura.

Acostumbrados a ser salero (catolicismo fácil y con el ambiente a favor) no nos hemos de acobardar a ser sal (y pimienta si hace falta) en situaciones contrarias a la fe. Y, por cierto, la sal cuando se echa sobre la herida....escuece. O el sol, cuando uno sale de la oscuridad, duele.

Acostumbrados a ser sol (sin otras ideologías que nos interpelasen y fustigasen) hemos de pasar a ser pequeñas lámparas (no fuegos de artificio destellante) sin imposición pero convencidos de nuestras propuestas.

Vamos a comenzar la cuaresma. La luz descubre delante de nosotros un mar infinito de contrastes y de colores. La sal, incluso diluida, se convierte en el elemento más valioso e imprescindible del banquete más caro.

Vamos a acompañar a Jesús, a partir del próximo miércoles de ceniza, en su ascenso camino del calvario. Hagamos promesa de seguir siendo esas lámparas "puestas a punto" para alumbrar, denunciar y encauzar el momento que vivimos. Intentemos ser esa sal "fina, seca y blanca" (superando la  insipidez que a veces viste nuestra vida cristiana) allá donde se están cociendo los destinos, las decisiones y el futuro del hombres ....y sin miedo a ir al fondo de las cosas.

No se puede esconder la luz que llevamos entre manos debajo de un celemín. Mucho menos recluirlo, como algunos pretenden, en la cómoda y barroca sacristía.

No podemos desaparecer, como otros pretenden, renunciando a lo  que es vigor, fondo y esencia de la vida cristiana. Mucho menos claudicar u ofrecer  lo que los anfitriones de turno dan y piden como bueno para un falso progresismo sin Dios.

Eso, además de producir un cortocircuito entre Dios y nosotros, nos llevaría a ser sosos y oscuros. Y, de eso, la mesa de nuestra sociedad está muy bien servida.

J.Leoz

 

 

 

 

ORACIONES PARA ESTE DIA

Ya… ahora… entre los cienos,
tal como nos vemos.

Si nuestro corazón está apagado,
nuestro mundo vivirá ciego,
Nuestro hogar y trabajo
estarán muertos.

Encendamos nuestra lámpara,
con la luz de Cristo,
aunque sea pequeña y débil…

Que la oscuridad más grande,
no puede apagar
la luz de una candela.

Tú y yo somos como leña,
sin luz… sin calor…

Incendiemos nuestro corazón
con la fe en el Señor,
y seremos leña encendida...

y daremos luz, gozo, amor.

Y aunque no lo pretendamos,
el mundo ¡nuestro mundo!
se pintará de Dios…

 

 

Ni el puente ha sido construido para no cruzar

ni el corazón para  nunca amar

Ni las montañas han sido creadas para no mirarlas

ni el mar para no ser surcado

Ni el suelo ha sido colocado para no ser pisado

ni el cielo para que, nunca, fuese contemplado

Algo así es la vida interior de un cristiano:

es luz que se despliega

es fuerza que se regala

es ilusión que se contagia

es fe que se vislumbra

es Dios que habla

es Jesús que camina

es el Espíritu que se respira

Porque, la luz que lleva un testigo de Cristo

lejos de esconderse ante las dificultades

irradia solidez, esperanza, futuro

buen sabor al paladar

aunque, a veces, escueza.