EL DÍA MAS NUEVO
PARA SANTA MARIA 

 Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
 

Iniciando este nuevo año 2005 se proyecta en nuestra memoria, como si de una película se tratara, lo que han podido ser ( en positivo o negativo) los meses de este año que se apaga y los deseos que quisiéramos ver cumplidos para este otro que ahora mismo está clareando.

Santa María, Madre de Dios, es un buen pórtico por el que podemos entrar viendo con más nitidez y seguridad los caminos que hemos de elegir a la hora de hacernos con  esos buenos propósitos  conquistándolos con el apoyo y la fuerza de Dios. Ofrendar este 1 de enero, a Santa María Madre de Dios (además de ser la fiesta mariana más antigua de Occidente) es pedir su protección junto con su presencia allá donde los cristianos estemos presentes en nuestras luchas y proyectos, éxitos,  fracasos, cruces, alegrías y sufrimientos. ¿Acaso tendremos miedo a caminar si delante va María?

Santa María, Madre de Dios, nos invita en estos aledaños del nuevo año, y en la agonía del viejo, a dejar aquello que nos ha producido insatisfacción y ansiedad, agobio y desesperanza, tristeza o mediocridad, incredulidad o tibieza, frialdad o apatía, imperfección y distanciamiento del mundo de la fe o de los hermanos. Santa María, Madre de Dios, es una oportunidad que Dios nos brinda para ver (también en nuestra existencia) su huella, su poder y su grandeza.

Santa María, Madre de Dios, como saludo mariano del nuevo año, abre delante de nosotros un horizonte intenso con 365 días que pueden ser más llevaderos y soportables si lo hacemos cogidos de la mano de Dios, atentos a la vida,  arropados con las Palabras de Jesús y, ¡cómo no! alentados por esa gran figura que dejó embargar toda su existencia por la obediencia y el amor a Dios: MARIA.

Santa María, Madre de Dios, en esta jornada mundial de la paz nos sensibiliza y nos recuerda que, el mundo, donde vivimos no es precisamente una balsa de aceite ni mucho menos. Que no todos sus hijos vivimos en las mismas condiciones de bienestar o de seguridad. Sólo desde la justicia, el diálogo y el compromiso entre las naciones; desde una educación para la paz y por la paz conseguiremos ese ideal que cada día parece alejarse más y más de nosotros.

Para ello os dejo la siguiente oración:

QUIERO DEJAR, SEÑOR, CON LA AYUDA DE SANTA MARIA, EN EL AÑO 2004 QUE AHORA ACABA

La envidia que me hace soñar  aquello que no me corresponde e infravalorar los golpes de suerte del que camina junto a mí

La violencia que me convierte en verdugo de innumerables prójimos

La indiferencia ante el que vive horas amargas y encuentra como respuesta el vacío de mis obras y palabras

La pereza en el afán de superación

Las manos que se cierran ante rostros que sufren

El corazón altanero y ambicioso, hipócrita y egoísta

El pensamiento por lo puramente efímero

La debilidad que me hace vulgar y uniforme en medio del mundo

La mentira que oculta la veracidad de las cosas

La tristeza por los proyectos truncados

La desesperanza que trae mis limitaciones y carácter

La tibieza en mis actitudes

El disfraz que disimula mi franqueza

 

 

 

QUIERO ALCANZAR, SEÑOR, CON LA AYUDA DE SANTA MARIA, EN EL AÑO 2005 QUE AHORA COMIENZA

Un poco de tu paz para que sean días de sosiego

La conformidad para que no sufra con aquello que carezco

La fraternidad para ver al otro como un amigo y nunca como un adversario

La fe para  liberarme de los innumerables grilletes con los que aprietan las dudas

La audacia para resolver los problemas que me asalten

La profundidad para meditar y disfrutar con los misterios de Dios

La fortaleza para ser yo mismo y no dejarme arrastrar por lo fácil

La originalidad para sentirme siempre vivo y nunca muerto

La verdad para no ser esclavo de mis falsedades

La alegría para ser portador de optimismo en el mundo que me rodea

La esperanza para trabajar por un nuevo hombre y por un justo orden

La coherencia para que no exista distancia entre “el digo y el hago”

La nitidez para no ser malinterpretado en la percepción de las cosas y de los hechos

El amor para saber que es una puerta por la que se sirve en la tierra  y se entra en el cielo

El perdón para comprender que es peso que quito de mis hombros

 

Que el Año Nuevo sea una oportunidad para revisar lo que no merece la pena ser repetido y aquello que se puede conservar (como María lo hacía en su corazón) para dar con  la felicidad espiritual y material.

Qué grande es comenzar este nuevo año mirando al cielo y diciéndole a Dios que, rezando a Santa María su Madre, estamos seguros que no nos va a negar aquello que sea bueno para nuestra vida: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

¡Feliz Año 2005!

Javier Leoz