SANTA MARIA, MADRE DE DIOS

(Año Nuevo- Jornada de la Paz)

 

 

LA PRIMERA PUERTA, MARIA

 

Comenzamos este año 2006 y, en su antesala, nos espera María. Parece como si, después del gran acontecimiento de la Navidad que hemos vivido, María, se convirtiese en la mejor puerta para entrar en los aledaños de este Año Nuevo con el afán de conocer  más y mejor a Jesús.

Hoy parece que un aire nuevo recorre el mundo dándole frescura y felicidad. El Nuevo Año provoca diversas manifestaciones espontáneas que, desgraciadamente, pueden quedar en simples deseos cuando no se vive esta jornada, con intensidad y con profundidad, con realismo y con sensatas propuestas de cambiar a mejor.

¡Quién, sino  María, para indicarnos ese camino!

¡Quién, sino María, para respirar esos aires que nos oxigenan y alientan¡

¡Quién, sino María, en Año Nuevo, para procurar de verdad hacerlo en nuestra vida todo nuevo!

¿No es, para los que hemos vivido con emoción estas jornadas de la Navidad, contemplar a María como Madre de Dios?

Además, en el inicio de este Nuevo Año, ponemos ante ella los más vivos deseos de la paz.

La paz, además de ser un clamor mundial, debe nacer de un convencimiento: perdón y justicia. No podemos llenarnos la boca de simples palabras y, dejar, que las cosas sigan igual. La paz es posible cuando la mentalidad del hombre se abre a otras coordenadas, que no sean las del egoísmo personal o del materialismo que todo lo invade y todo lo somete.

La paz, por ser fruto del perdón y de la justicia, nos exige mirar a los demás con temple misericordioso y con intención de trabajar en pro de un mundo donde sea posible el vivir, o por lo menos saber estar, como hermanos.

La primera puerta que podemos coger para alcanzar esa paz firme y duradera, es María. Ella, desde la experiencia profunda de Dios, hizo de sí misma y de los lugares por donde pasaba un remanso de fraternidad, de dulzura, de amor y de comprensión.

Celebrar la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, es pedirle a María:

-Que se cierren tantas heridas por las que el mundo se desangra

-Que cicatricen aquellas otras que, el pasado o el presente, las mantiene sensibles

-Que la paz sea, además de una palabra desgastada, una pronta realidad por la forma de regir y de servir los gobernantes

-Que la justicia sea garantía de una sociedad sana y no enferma

-Que Jesús, además de ser de Nazaret, se convierta en el motor y en el modo de vivir de los cristianos

-Que los nubarrones que asolan a la familia y a la convivencia mundial se disipen con la sensatez y el gobierno equitativo y recto

-Que los pobres, especialmente los países subdesarrollados, encuentren en sí mismos y con la ayuda de los demás motivos suficientes para superarse y seguir hacia adelante

 

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra es, ciertamente, una puerta que se nos presenta en este primer día del año 2006 con la única pretensión de que meditemos todo lo que hemos visto y oído en estos días atrás y, desde ahí, trabajar con ilusión, dentro y fuera de la iglesia, para que el Evangelio contribuya en alcanzar esos logros que el mundo, por sí mismo, no puede lograr.

Javier Leoz