Pregón de Adviento

 

 

El Señor vino; el anunciado por los profetas. El ansiado por nuestros hermanos del Antiguo Testamento , vino, sin demasiado ruido. Vino, y  muchos no se enteraron, ni hoy otros, son sensibles a su llegada.

El Señor vino; sigue viniendo y vendrá al final de los tiempos. Lo tenemos y no lo vemos. Pero, al final, se presentará de una manera definitiva y para siempre. En esa dirección, también nos movemos.

El Señor viene; eterna presencia y, a la vez,  sensación de ausencia. Lo palpamos y se nos escurre entre las manos. Lo poseemos pero, nos invita a seguir esperándolo. Es la tensión del que sabe que, Jesús, ha venido pero todavía esta por venir.

El Señor vino; se revistió de nuestra humanidad para que el hombre alcanzara la Divinidad. Lo esperaban entre oropeles y vino en la humildad de un pesebre. Lo añoraban en palacios y se dejó adorar en la sobriedad de una cueva.

El Señor vendrá; al final de los tiempos. Y, cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra? ¿Vigilantes de su llegada? ¿Heraldos de su amor? ¿Mensajeros de su reino?

El Señor vendrá; cuando menos lo esperemos. Cuando parezca que todo se ha perdido. Cuando, incluso, muchos crean que Dios quedó para siempre dormido. El Señor, aunque nos parezca mentira,  vendrá.

El Señor viene; en cada oportunidad que le damos para vivir en medio de las cosas de cada día. En la mente despierta y expectante. En las almas que, lejos de desesperar, viven alegres, dinámicas, optimistas y eternamente jóvenes, porque esperan.

El Señor vino; porque encontró personas bien dispuestas. Una madre como cobijo. Un padre con humilde vara de mando. Un ángel mensajero anunciando su llegada por todo el valle.

¡Abrid! ¡Abrid de par en par las ventanas de vuestra existencia! Para que, cuando Dios llegue en la humildad de Jesús, no  las encuentre cerradas.

¡Abrid! ¡Abrid y no cerréis las puertas de vuestra esperanza! Para que, cuando Dios se presente con rostro humano en la tierra, encuentre hombres y mujeres que le esperan.

Si el Señor vino…….en cualquier momento, puede llegar. ¿No lo oís? ¡Está viniendo!

Javier Leoz