PARA CORREGIR Y PARA APRENDER

(En el Año Eucarístico)

 

 

 

Procura llegar tarde a la celebración, para que la gente escuche y se centre en tus pisadas y no el saludo del celebrante. Piensa que, la campana, suena porque se han olvidado desconectarla.

Cuando te acomodes en el asiento, saluda y mira a todos menos al auténticamente importante: a Dios

Mientras se proclame el evangelio, quédate sentado ¡Qué mas da saludar a alguien sentado que de pie! Además, si no se oye bien, la culpa es de la megafonía y no de que yo estoy distraído.

Cuando se haga la colecta, piensa bien. ¡Estos curas siempre pidiendo! A los pobres ya los mantendrá el gobierno. Busca, en el fondo de tus bolsillos, lo más pequeño para Dios.

En la consagración no te molestes en arrodillarte. Lo importante es adorar al Señor interiormente. Eso sí, cuando salgas de la iglesia,  póstrate ante cualquiera con tal de ganar cualquier favor. Esos...son tus señores.

En el momento de la paz no te quedes quieto en el banco. Que los que te rodean vean que sabes saludar en diferentes idiomas y con diferentes manos. Eso sí, cuando te encuentres frente a alguien que no te cae bien…no te muevas un ápice de su sitio

En la comunión no dejes de cantar. Queda muy bonito, en una mesa, comer y cantar a la vez enseñando las cuerdas vocales. Al fin y al cabo es de lo más estético y respetuoso.

Cuando regreses de recibir al Señor estate tranquilo. No le des gracias por nada. Mira al reloj. Busca la puerta más cercana. Ponte en marcha. ¡Ya he cumplido!

 

 

 

 

Pero si quieres vivir una Eucaristía de verdad, y descubrirla en toda su magnitud y profundidad:

Acércate con puntualidad, recoge el agua bendita, saluda con una oración sincera al Señor que habita especialmente esa casa. Busca y reza a Santa María.

Permanece de pie, sentado, o de rodillas, para despertar y sugerir a tus entrañas de fe, sentimientos de acogida,  respeto y de gratitud, de reverencia o de adoración.

Sé generoso en tu aportación a la comunidad. Las cosas sagradas no se pagan pero, los kilowatios, y otros tantos servicios, pasan factura. Si Dios nos da tanto ¿cómo no vamos a devolverle algo en los necesitados?

Cuando vayas a comulgar participa en el canto hasta ese momento pero, luego, cierra los labios y deja que cante tu oración personal por dentro.

Y, si llega el signo de la paz, no pienses de antemano que ha llegado el momento de un despliegue total de sonrisas, de gestos, de besos y de abrazos. La paz desciende del altar y, cuando se ofrece a uno, por comunión en el Espíritu llega a todo el resto de hermanos. Vamos, que no es necesario iniciar una búsqueda y captura haciendo de la paz,  una simple rutina o un vacío saludo.

Si además, quieres estar bien contigo mismo. Sal de la iglesia  con sosiego y con tranquilidad y sobre todo con ganas de volver de nuevo. No pienses que la misa acaba en ese momento. Cuando salimos...la empezamos a vivir  con los hermanos en la vida misma.

Cuando uno saborea una misa de verdad tendría que leer en su mente: he vivido tan intensamente esta Eucaristía que...volveré muy pronto; Dios me espera¡¡¡¡

 

 J.Leoz (Septiembre 2005)