MAYO: OJOS PARA VER A CRISTO

 

 

 

En el inicio del mes de mayo, el Papa Benedicto XVI, nos sugería una idea: “contemplar a Cristo con los ojos de María”.

La Virgen, ciertamente, puede descubrirnos  la mirada más limpia y más adecuada para ver y contemplar a Dios:

 

 

CON LOS OJOS DE LA SENCILLEZ

Nos complicamos la vida de tal manera que, en ocasiones, lo sustancial es inapreciable a nuestros sentidos. María, por el contrario, desde la sobriedad de su propia vida supo abrirse a la mayor riqueza  que un ser humano puede aspirar: DIOS

Todo, puede resultar muy difícil para conquistar la sencillez, pero cuando se llega hasta ella, es más fácil vivir.

 

 

CON LOS OJOS DE LA TRANSPARENCIA

Las aguas turbias siempre ocultan los fondos de los grandes océanos y de los pequeños o serpenteantes ríos. Maria, en este mes de mayo, es un buen detergente que –al usarlo- produce limpieza en el alma, transparencia en las obras, nitidez en el mirar y claridad en el hablar. María, entre otras cosas, vivió en una constante transparencia porque vivió en una verdad permanente: DIOS.

 

 

CON LOS OJOS DE LA VERDAD

Amar es el mejor camino para darse de frente con la verdad. Mejor dicho; quien ama, a la fuerza vive en la verdad de las cosas, en la verdad de Dios y en la verdad de uno mismo. María supo brindarse en cuerpo y alma. Su verdad y su historia, su afán y su amor le llevaron a descubrir que la verdad de su propia vida era, precisamente, responder con generosidad, dejarse llevar por Dios. María supo, sin miedo ni temblor, enfrentarse a la gran verdad de su vida. Nosotros, muchas veces, preferimos las mentiras piadosas a las verdades dolorosas.

 

 

CON LOS OJOS DE LA FE

La duda todo lo invade. Estamos acostumbrados a poner en solfa todas aquellas cuestiones que, hasta no hace mucho tiempo, nos parecían intocables y sagradas. También, en los días de María, surgieron voces discordantes y otras tantas mofas que dudaban del fondo divino de Jesús. Al final, solo al final, triunfa la fe sobre los interrogantes, la certeza del cielo sobre la fugacidad de la tierra, el misterio grandiosamente revelado sobre el nubarrón que vuela sobre el ser humano. María, ante todo, es mujer de Fe. Con Ella, y de su mano, la fe aunque nos ponga a prueba, puede ser mejor vivida. María, tal vez nunca se sintió sola,  porque siempre tuvo la compañía de la fe. ¿Por qué el hombre de hoy, estando rodeado de personas, se siente tan sólo?

 

 

CON LOS OJOS DE LA ESPERANZA

“Quitad al mundo la esperanza y pronto se hará de noche”, dice un viejo proverbio. Con María, hace unos siglos, se abrió todo un horizonte de Dios cercano en medio del mundo. Unos lo intuyeron, otros lo negaron; unos lo buscaron, otros se fueron corriendo de él. María, por el contrario, supo esperar, contemplar, vivir, orar y disfrutar interior y exteriormente con los signos de la presencia de Dios. No me extraña, por ello mismo, que en muchos pueblos y ciudades, hombres y mujeres de nuestro tiempo, siga siendo de día permanentemente: nos alumbra Jesús en la estrella de María.

Santa María, durante 9 meses, tuvo una gran fortuna: aprendió a esperar a Dios con el rostro de Cristo.

 

 

CON LOS OJOS DE LA FORTALEZA

Ser fuertes no es lo mismo que aguantar el chaparrón. Ser fuertes, como María, implica descubrir la presencia de Dios en todos los acontecimientos (de éxito o de fracaso) que palpamos a nuestro paso por la vida. María, desde su profundo fiarse de Dios, nos da esta gran lección: con Dios todo y, sin Dios, nada. La fortaleza de María no viene traducida en esa imagen que, de Ella,  solemos tener. Tal vez, es el momento, de rescatar una figura nueva para colocarla en el retablo de nuestro corazón: MARIA LA MUJER FUERTE TALLADA POR EL CINCEL DE DIOS.

Siempre es bueno pensar que, de poco sirve ser muy fuertes, si en la vida, no aprendemos a ser mejores. La fortaleza de María vino desde ese vértice: siendo débil fue una mujer fuerte por su gran bondad.

 J.L.

 

 

 

 

      MI                                             DO#m              SI7

Mi alma glorifica al Señor, mi Dios,

 DO#m                                                                Sol#m

gózase mi espíritu en mi Salvador.

LA                         SI7           MI                 DO#m

El es mi alegría, es mi plenitud,

FA#7                      SI7        MI

El es todo para mí.

 

            SOL#7                                             DO#m

Ha mirado la bajeza de su esclava,

                    SI7                                                       MI

muy dichosa me dirán todos los pueblos

                         DO#7                                                  Fa#m

porque en mí ha hecho grandes maravillas

                         DO#m                                   SI7           SOL#7                    DO#m,  SI7

El que todo puede, cuyo Nombre es Santo.

 

Su clemencia se derrama por los siglos

sobre aquellos que le temen y le aman,

desplegó el gran poder de su derecha,

dispersó a los que piensan que son algo.

 

Derribó a los potentados de sus tronos,

elevó a los humildes y a los pobres,

los hambrientos se saciaron con sus bienes

y alejó de sí, vacíos a los ricos.

 

Acogió a Israel, su humilde siervo

acordándose de su misericordia,

como había prometido a nuestros padres,

a Abraham y descendencia para siempre.