iesta en honor a DIOS. El homenaje a la UNIDAD de tres personas que, siendo diferentes, deja a la intemperie nuestra dispersión, la ruptura del mundo y de las cosas, del ser humano y de las estructuras sociales...

   

Con Jesús, en este día, remontamos hacia las alturas y –como el montañero que ha sabido intuir y valorar la importancia de las herramientas de escalada- contemplamos con el resucitado los tres anillos fundidos en oro de la misma naturaleza y con los mismos kilates : PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO.

   
   

e lo soltaba un chaval en la misa familiar de no hace mucho tiempo: “Javier..¿cómo puede Jesús dirigirse a DIOS si El es DIOS”. Buena pregunta para una sencilla respuesta:

Jesús nos enseña a seguirle y verle como camino hacia el Padre. No pretende  que nos quedemos solamente en El. Nos empuja nadar aguas arriba como aquel que más allá de sí mismo quiere saber más sobre su nacimiento y origen.
   
   
¡GLORIA Y ALABANZA A LA TRINIDAD!
   

Tres en Uno... y el Uno en Tres¡¡¡. No es juego de palabras y sí, en cambio, corazón indiviso, misterio profundo de nuestra fe y de nuestra vida cristiana:

   

Nos enseña que DIOS es familia y que , nosotros, formamos parte de ella aunque no lleguemos a comprender ni entender todo el entresijo y la riqueza que encierra.

Dios es AMOR y, nosotros, participamos de esa fusión única y cómplice que existe entre las tres personas.

Dios es COMUNIÓN y, nosotros, la contemplamos y la comemos, la vivimos y la palpamos, la añoramos y la necesitamos ante la fragmentación existente en nuestro entorno, en las galaxias de nuestros afectos, en nuestras luchas, proyectos y fatigas.

Dios es ÚNICO y, nosotros, le damos gloria y alabanza porque nuestra FE nos dice que en El está puesta nuestra esperanza, nuestro ser iglesia, nuestra vida cristiana que ha de ser siempre trinitaria.

   
   
¡GLORIA Y ALABANZA A LA TRINIDAD!
   

En la Trinidad reina el amor....y el amor siempre produce abundancia de frutos. En nosotros, cuando brota  el egoísmo, nuestra vida sólo produce esterilidad.

En la Trinidad nace y se REVELA el amor que se hace servicio. En nuestro entorno (medios de comunicación, en la pareja, en la sociedad...) se confunde amor con placer. Y con el poder (no con el servicio) se compra muchas veces el simple placer olvidando y descafeinando el amor.

En la Trinidad, Jesús, nos presenta el rostro, las características, el número de componentes, la identidad, la grandeza, el apellido de su familia invitándonos a dar razón y testimonio de ella: ¡ID POR EL MUNDO.

   
   

Recuerdo que recién ordenado sacerdote, y en mi primer destino pastoral, un feligrés entró en la sacristía y me dijo: “venga vd cuando quiera a mi casa....¡somos buena familia!”.

Como cristianos, que participamos de esa comunión de las tres personas, estamos llamados a dar a conocer la buena fama  y la solera de esta gran familia que es la Santísima Trinidad. Quien se acerca hasta ella... siempre tiene ganas de volver de nuevo.

   
   
Qué bien lo expresó -con el siguiente texto- Romano Guardini:
   
     
 

En Cristo se nos ha abierto la hondura de la vida escondida de Dios. Su naturaleza, palabra y obra tan llenas de la realidad de lo sagrado. Pero de ella brotan figuras vivas: el Padre, en su omnipotencia y bondad; el Hijo, en su verdad y amor redentor , y entre ellos, el desprendido, el creador, el Espíritu.

Es un misterio que supera todo sentido; y hay gran peligro de escandalizarse de él. Pero yo no quiero un Dios que se ajuste a las medidas de mi pensamiento y esté formado a mi imagen. Quiero el auténtico, aunque sé que desborda mi intelectual capacidad. Por eso, ¡oh Dios vivo!, creo en tu misterio, y Cristo, que no puede mentir, es su fiador.

Cuando anhelo la intimidad de la compañía, tengo que ir a los demás hombres; y por más honda que sea la ligazón y más hondo que sea el amor, seguimos, sin embargo, separados. Pero tú encuentras tu propio «tú» en ti mismo. En tu misma hondura desarrollas el diálogo eterno. En tu misma riqueza tiene lugar el perpetuo regalo y recepción del amor.

 
     
   
   

Creo, ¡oh Dios!, en tu vida una y trina. Por ti creo en ella, pues ese misterio cobija tu verdad. En cuanto se abandona, tu imagen se desvanece en el mundo. Pero también, ¡oh Dios!, creo en ella por nosotros, porque la paz de tu eterna vida tiene que llegar a ser nuestra patria. Nosotros somos tus hijos, ¡oh Padre!; tus hermanos y hermanas, Hijo de Dios, Jesucristo, y tú, Espíritu Santo, eres nuestro amigo y maestro

Javier Leoz