Recordamos  y hacemos memoria, en este Año Santo Compostelano, de aquel apóstol que hizo de su trayectoria aventurera en la tierra un camino para que, los hombres y mujeres de aquellos tiempos, y también los que siglos después  vivimos en esta península o en distintos lugares de nuestro mundo.....conociéramos el mensaje cristiano que –en su vida- fue decisivo: EXPUSO TODO LO QUE ERA Y TENÍA EN PRO DE LA EXPANSIÓN DEL NOMBRE DE CRISTO

 

ANTORCHA DE CRISTO EN NUESTRA TIERRA
 

Entendió la Palabra y, movido por ella, quiso adentrarla por el Finisterre hasta el corazón de nuestra patria.

El camino hacia Santiago lo marcan miles y millones de  pisadas que señalan el rumbo de aquellos/as que buscan en el sepulcro del Apóstol el mismo estilo de vida  que aquel tuvo.

Caminar hacia Santiago supone contrastar nuestra vida con aquella otra que, en Santiago, se mantuvo lejos de la mediocridad y abrazada a un constante riesgo: fue pasado por el cuchillo por su fidelidad  a la causa de Jesús.

 

ANTORCHA DE CRISTO EN LOS NUEVOS TIEMPOS
   

Necesitamos prender nuestra existencia (en continua fragmentación) del gran fuego que en Santiago se hizo fuerte y grande: el Evangelio

El Apóstol conoció y descubrió de los mismos labios de Cristo el gran tesoro de su vida. Ello le marcó una gran decisión: salir de sí mismo, de su tierra y en vasija de barro –la propia vida- se lanzó sin miedo a la gran aventura de ser peregrino sin limites ni fronteras con la mochila del Evangelio.

Pidiendo su fuerza, que viene de Dios, no debemos tener temor ni complejo alguno ante lo que venga; nos aprietan por todos pero no nos aplastan” (2Cor 4,7)

Seremos respetuosos y tolerantes, abiertos y comprensivos pero (al igual que Santiago) defenderemos lo que consideramos ha sido y es resorte de la nueva civilización y elemento sustancial de nuestra cultura occidental: el cristianismo.

Hoy, ¡quién lo iba a decir!, tendremos que luchar no tanto contra los sarracenos cuanto en contra de muchos cristianos que atacan a su propia iglesia y que sistemáticamente se posicionan lejos de los valores de la esencia cristiana aupados en el poder o protegidos y respaldados por él. Hoy tenemos un nuevo enemigo para nuestra fe; le laicismo del que hacen gala muchos cristianos descafeinados.

 

ANTORCHA DE CRISTO GUIADA POR LA FE
   

Al igual que Juan y Santiago nosotros andamos metidos de lleno en las cosas de cada día. Estamos rodeados de redes que nos aprisionan, enredan, perturban y nos esclavizan. ¡Bueno sería dejar aquello que nos impide caminar!

Hasta el Finisterre llegó el intrépido y audaz Santiago empujado por la mayor riqueza jamás por él encontrada: JESÚS. Nosotros,¡ cuántas veces!, no nos atrevemos ni asomarnos  a la vuelta de la esquina para dar testimonio de lo que fue grande en estos hombres  que dieron su sangre por Cristo y que nos dejaron como tesoro, predicación y regalo.

Su sepulcro ha sido y es motivo de peregrinación mundial. El día en que nosotros cerremos los ojos ¿podremos se recordados por la profundidad y radicalidad de nuestra fe?

 

Hasta la Ciudad de Santiago a través de ruta de estrellas, caminos empedrados o cruzando trampolines de puentes milenarios,  llegan  multitud de peregrinos; reyes y plebeyos, santos y pecadores.

Para postrarse en su sepulcro poco es necesario cuando se va movido por la fe y guiado por la esperanza de encontrarse con una realidad superior que lo invade todo.

Ir y caminar a Santiago es imitar el periplo que éste realizó y que, tal vez para algunos incrédulos, hasta parezca imposible vivir con un cierto talante y espíritu cristiano.

Peregrinar a Santiago, descubrirse ante el Pórtico de la Gloria  y adentrarse en la Catedral que señala el lugar del descanso del mayor peregrino... supone retornar con el corazón lleno de Espíritu; con la vida puesta a punto; con la Fe sólida y rejuvenecida por la fuerza extraordinaria del Apóstol: DIOS

Regresar de Santiago, rumbo al mar abierto que es la vuelta a la vida, es dar crédito al tesoro que nos trajo este Zebedeo: JESÚS VIVE ENTRE NOSOTROS

 

Buen día del Patrón de España¡¡¡¡¡

Javier Leoz