FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

           
           

           
           
“Cuando José despertó, hizo lo que le había mandado el ángel(Mt 1,16)
           


JOSE  (EL HOMBRE DE LOS SUEÑOS)

Aquel que, por soñar, quiso pensar que todo se cumplía y se entendía por designio del mismo cielo. Soñó y, cuando despertó, sintió que DIOS había pasado muy de cerca cambiando los acontecimientos de color

 

JOSE (EL HOMBRE DEL SILENCIO)

Sin ruidos y sin sobresaltos, sin estridencias y sin reproches asumió lo que su mente le contradecía. Supo jugar con discreción  aún estando en la penumbra. Disfrutó quedándose detrás del telón para que, cuando éste se deslizara, saliera el auténtico protagonista de aquel drama de amor: JESUS

 

JOSE (EL HOMBRE FIEL)

Teniendo motivos para las dudas prefirió anteponer la confianza en Dios. Pudiendo haber elegido el camino de la deserción se volcó con serenidad, hasta el final,  afirmándose para sí mismo: ¡Si Dios lo permite… algo querrá!

 

JOSE (EL HOMBRE DE FE)

El hombre que contempló siempre el vaso medio lleno cuando, tal vez algunos, le apuntarían para que no se complicase la vida y lo viera vacío.

El hombre que, más allá de lo aparente, se dejó atravesar por la obediencia a un Dios que, a sus antepasados,  les había hablado y acompañado desde hace muchos siglos. Escuchó, meditó, actuó y creyó apoyado en la vara de su experiencia y de su autoridad, de su humildad y de su decisión.

 

JOSE (EL HOMBRE CENTINELA)

El que permaneció a tiempo y destiempo, del día hasta entrada la noche protegiendo el Misterio de la Encarnación, en el castillo de la vida interior de Santa María Virgen, aunque él no interviniera. El que defendió con la espada de la humildad y del trabajo la vida de aquel que estaba llamado a ser escándalo para muchos y promesa cumplida desde antiguo.

El que puso como escudo de su familia la sencillez y la entrega, el silencio y la respuesta con su fe

 

JOSE (ESPOSO Y PADRE)

El que se conformó disfrutando y siendo feliz por ser compañero fiel y sin fisuras de Santa María. El que, aún a sabiendas de que Jesús no era sangre de su sangre, arriesgó su fama, su trabajo y su vida para que el Salvador creciera en medio de una familia humilde pero sincera.

 

JOSE (EL DE LA MUERTE FELIZ)

Porque tuvo, aunque no lo señalen  las escrituras, la muerte más privilegiada que muchos de nosotros la quisiéramos al final de nuestros día; en los brazos de María murió y bajo los ojos de Jesús (estoy seguro que emocionados y agradecidos) cerró los suyos para contemplar a Aquel que tanto le probó y le exigió en la tierra.

Este es José. Mirarle es meterse en un baño de paz y de sosiego, de silencio y de ternura, de obediencia y de FE sin límites.

Javier Leoz