DECÁLOGO DE ADVIENTO

 

 

1.     Vive con esperanza. Sueña con ese haz misterioso que, con el rostro de un Niño, unirá el cielo con la tierra.

2.     Sal al encuentro, y no vivas de espaldas,  de aquellas situaciones que tienes sin resolver. Rebaja las dosis de tu egoísmo personal.

3.     Piensa qué caminos son los que, Dios, no escogerá para entrar dentro de ti. Algunos de ellos no contienen sinceridad, verdad o afán de superación.

4.     Agárrate un poco más a la oración. Ella te dará la sensibilidad necesaria para prepararte a la llegada de Aquel que viene con un objetivo: nacer en ti.

5.     Trabaja por hacer un “belén” allá donde te encuentras. Dios nace en cada hombre que ilumina su entorno con la luz de la justicia, la bondad y el perdón.

6.     Participa en la eucaristía dominical y, si puedes, hazte también presente en ella diariamente. Culminarás el adviento con la sensación de que los profetas y María, te han guiado como nunca, al encuentro de Cristo que viene.

7.     Descubre que, en lo pequeño, es por donde Dios entra más fácilmente y donde mejor se le puede ver. Un detalle vale mucho y, a veces, cuesta poco.

8.     Aleja, si es que todavía lo recuerdas, todo aquello que en las pasadas navidades diste como bueno pero que no te aportó felicidad, espíritu de fe,  ni equilibrio interior.

9.     Renueva tu deseo de recibir a Cristo. No dejes que te roben el espíritu de la Navidad. Con la escucha de su Palabra, y su posterior reflexión, te harás fuerte ante esos embistes.

10. Limpia, no solamente las figuras del belén, sino además el gran pesebre de tu corazón. Dios, para nacer, dormir con paz y con calma, prefiere tu vida interior reluciente, serena, convertida y nítida.

 

Si Dios viene en Jesús, ten en cuenta que le gustaría ser recibido. Por lo menos, por los suyos.

¡Feliz Adviento 2005!

 

J.Leoz