EN NAVIDAD UN REGALO PARA EL SEÑOR:

LA ADORACION

 

 

Nos postramos en adoración ante el Hijo de Dios. Nos unimos en espíritu a la admiración de María y José. Cuando adoramos a Cristo, nacido en un establo, sentimos la fe, llena de asombro, de los pastores de aquel tiempo; sentimos su misma sorpresa y su mismo gozo.” (Papa Juan Pablo II)

 

 

En este Año dedicado a la Eucaristía contemplamos, especialmente en estos días de la Navidad, la radical humildad de un Dios que se hace humanidad. Cuando el sacerdote eleva la hostia sentimos y palpamos que Dios puso su morada entre nosotros y la contemplamos para llenarnos de su gracia y de su verdad.

Creemos y afirmamos, aún en medio de muchas vicisitudes, que la Iglesia es esa inmensa cuna donde Santa María Virgen coloca a Jesús para que reciba de nosotros ( testigos de su reino y de su amor ) adoración y contemplación, gloria y alabanza.

 

Participar de la eucaristía es entrar en el corazón de María, y con ella, meditarla, vivirla y saber que en el Pan y el Vino consagrados Jesús está vivo y real en medio de nosotros.

 

En la Navidad intercambiamos obsequios con los familiares y amigos; ¿Qué podemos ofrecer al Señor en estos días? El mejor regalo: LA ADORACION. Estar con El.

En la Navidad ofrecemos a los que nos rodean lo mejor de nosotros mismos. Cristo, en la Eucaristía, parece decirnos: ¡dadme vosotros humanidad y yo os daré Divinidad! ¡Dadme un poco de vuestro tiempo, y yo, os daré eternidad! ¡Dadme vuestro cansancio, y yo, os recompensaré con alivio! ¡Dadme vuestro corazón roto, y yo, os restañaré con el amor que Dios os tiene!

Acercarse a la cuna de Jesús es contemplar el rostro de Dios allá donde nunca, nadie, hubiese soñado.

Asomarse a la cuna de Jesús es, con María, saber que es un Niño llamado a ser pan del cielo. Es caer en la cuenta de que, un pesebre, es un altar donde Dios duerme mientras María le acuna. Calla mientras al mundo le es indiferente su llegada.
 

 

¿Somos conscientes de que, la Eucaristía, es la continuación de la Encarnación de Jesús en la tierra?

¿Somos conscientes de que, todos los días cuando nos ponemos frente al sagrario o la custodia, caminamos hacia Belén, palabra que significa “casa de pan”?

¿Damos gracias a Dios porque, en los brazos de María, vino la Eucaristía?

¿Estamos dispuestos, como los pastores y los Reyes Magos, a dejar nuestra riqueza (comodidad, pereza, casa, responsabilidades, etc.) para adorar al Señor?

 

 

 

 

Que la estrella de la FE guíe nuestros pasos en este Año Eucarístico para que entendamos que, todos los días y en cada altar, Jesús viene con más humildad que aquella primera vez en Belén. Y, como los pastores y los Reyes Magos, nos iremos glorificando a Dios por tantas sensaciones recibidas en ese estar arrodillados junto al Señor.

El mejor obsequio para Jesús, en estos días de Navidad, ser adoradores en la Eucaristía.

 

Javier Leoz

 

 

Al terminar el año

¡Gracias, Señor, por todo lo que en este año me diste¡

¡Gracias por los días de sol y los nublados tristes¡

¡Gracias por las noches tranquilas y por las horas oscuras¡

¡Gracias, por la salud y la enfermedad¡

¡Por las penas y las alegrías¡

¡Gracias por todo lo que me prestaste y después me pediste¡

¡Gracias, Señor, por la sonrisa amable y la mano amiga!

 

¡Gracias por la soledad, por el trabajo, por las dificultades y las
lágrimas, por todo lo que me acercó a Ti más íntimamente¡

¡Gracias por tu presencia en el sagrario, en cada hermano,

y la gracia de tus sacramentos¡

¡Gracias por haberme dejado vivir…¡
Y da vuelta otra hoja del libro de mi vida..

¿Qué traerá el año que empieza?

¡LO QUE TU QUIERAS SEÑOR¡

Te pido Fe para mirarte en todo.
Esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.

Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y un olvido total de mí mismo.
Dame Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedirte.
¡Que pueda yo amarte cada vez más y hacerte amar de los que me rodean¡

¡Que sea yo grande en lo pequeño¡
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la
menta activa, y que me halla siempre dispuesto a hacer tu Santa voluntad¡

¡Derrama, Señor tus gracias sobre todos los que quiero.

Mi amor abarca el mundo entero y aunque soy pequeño,

se que Tú Señor, lo colmas con tu bondad inmensa¡