23 de diciembre



“Ha hecho obras grandes en mí el que todo lo puede” (Lc 1,46 y ss)

Cuantas veces con la intención de subir a un quinto piso hemos dado al botón equivocado y hemos aparecido en el ático de un edificio o, cuántas veces, sin saber cómo ni por qué….nos hemos dado de bruces con el aparcamiento. 

Cuando llega la Navidad quisiera pensar que, ese momento, es el ascensor que Dios utiliza de nuevo para estar con el hombre. Solo que, en este caso, no es Dios que no está en sus cabales. No es Dios que se ha confundido de pulsador…es simplemente que quiere estar con nosotros. Que quiere compartir nuestra condición humana. Vivir y sentir como nosotros. Es Dios que desea cambiar nuestro paisaje tan quemado por la injusticia y el desazón, la violencia y el terrorismo, la soledad y la sensación de derrotismo. Es Dios, quien con el ascensor navideño, desciende en un deseo de compartir nuestras miserias y de hacerse uno más entre nosotros.

Me impresiona la frase de Ortega y Gasset: “Algo grande debe ser el ser hombre cuando Dios quiso serlo”.

Navidad es un ascensor por el que Dios baja a la tierra y con doble movimiento; en su bajada lo hará con toque de campanas y cantos angelicales, en el anonimato y en el más absoluto silencio de la noche. En su alzada lo hará en un madero clavado en la tierra y con el mismo amor despuntando hacia el cielo.

¡Gracias DIOS!

Porque cada navidad es un ascensor por el que tu te empequeñeces y a nosotros nos haces grandes

Porque cada navidad es un ascensor por el que elevas nuestro espíritu y llenas de paz nuestros corazones

Porque cada navidad es un ascensor donde aprendemos a saludarnos y a querernos, a desearnos toda clase de parabienes

Porque cada navidad es un ascensor donde nos miramos frente a frente y no por encima del hombro.

Porque cada navidad dejamos que pase primero el humilde y el pobre, el menos agraciado y al que la suerte menos le sonríe.

¡Gracias DIOS entonamos con el Magníficat de María!

Porque cada navidad es un ascensor en el que los hombres y mujeres aprendemos a caminar en la misma dirección. A respirar el mismo oxígeno de paz. A mirar hacia lo alto. A mirar hacia el cielo como María.

¡Gracias DIOS te aclamamos con el Magníficat de Santa María!

Porque cada navidad es un ascensor desde donde se divisa lo mucho que queda por hacer en la tierra. Lo insignificante que hay en ella y la grandeza de lo que arriba espera.

Porque cada navidad es un ascensor donde, tú oh Dios, te haces botones, siervo, niño, humilde, hombre….

¡Gracias Dios y Niño, hombre y Dios!

Porque cada navidad es un ascensor que va frenándose en cada corazón que se preocupa por llamarte, de solicitar tu parada, de pedir que tus puertas se abran para entrar de lleno en el misterio.


¡GRACIAS DIOS!